miércoles, 21 de mayo de 2014

UNA TORTURA y UNA VIOLACION EN VENEZUELA

Juan Manuel Carrasco tiene 21 años, pero habla con el temple de alguien mayor. Fue detenido el 13 de febrero en Valencia, cuando recién empezaba la ola de protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro. Su caso, reseñado en los últimos informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, es uno de los más escalofriantes, pues ilustra hasta dónde ha llegado la brutalidad policial y militar en Venezuela.
Arropado por su familia y amigos, denuncia que fue violado la misma noche de su detención y golpeado hasta la inconsciencia. Ya no tiene arresto domiciliario, pero enfrenta cargos por protestar. Asegura que la suya fue una manifestación pacífica. Hasta hace poco recibía amenazas, por eso no sale solo.
Este es el relato de su detención para EL TIEMPO.
“Me paré a las nueve (del 13 de febrero) y les dije a mis hermanas que me iba para el shopping, donde estaba una manifestación. Llegamos como a las diez y media y ahí estuvimos todo el día, pacíficamente, hasta las seis de la tarde. Llevamos agua que compramos para darle a la gente que estaba allí. Como a las cinco, mi hermana me habló para irnos y le dije que no, que me quedaba. Ella me insistió, pero le dije, ‘yo me quedo’, porque ya estoy harto de la situación del país, de la economía, del hampa, de la corrupción y uno no tiene que quedarse callado y ya.
Entonces mis hermanas se van y yo me quedo caminando. A las dos horas me voy a El Trigal –otro sitio de protesta emblemático en Valencia– con unos amigos. No se había quemado nada, nunca se quemó nada, ni una gandola (camión), nada, como dijeron.
La Guardia Nacional (Bolivariana) llegó casi a las diez. Yo estaba con una amiga, salí corriendo con ella y otros muchachos hacia el carro de Jorge (León, un amigo, sobrino de un magistrado). A ella la tiré en un monte para que no la agarraran porque no podía correr más. Seguí corriendo y, cuando me monté en el carro, volteé y vi que venía una chama –que se llama Carla–; me bajé del vehículo, la monté en el carro y la protegí. Llegó la Guardia y nos partió los vidrios. Bajaron a Jorge primero, después a los otros dos. Cuando me bajé por la otra puerta, la Guardia nos resumió a golpes.
Nos maldecían, nos decían que nos íbamos a morir, que ni rezáramos ‘por el maldito Dios’. Eran 30 guardias, porque había 15 motos y dos guardias en cada una. Nos robaron los teléfonos y a ellos, un dinero en efectivo. Yo andaba nada más con la cédula.
Inconsciente tres veces
Luego de ahí, otros guardias bajaron con un garrafón de gasolina y se lo echaron al carro en que andábamos, un Aveo, y nos decían: ‘Mira cómo ustedes queman su propio carro’. El carro era de Jorge, y detrás había un Optra negro, que nada tenía que ver con la protesta... Agarraron y también le echaron gasolina y lo prendieron.
Diagonal a donde estaban los carros había un árbol grande. Nos llevaron allá, nos tiraron al piso y nos empezaron a pegar. Nos pegaban con la culata del arma, con tubos; a mí me brincaron en la cabeza. Quedé inconsciente tres veces.
De ahí nos llevaron al distribuidor El Trigal a punta de golpes. Nos seguían maldiciendo. Nos hicieron poner en posición fetal. Trajeron otro grupo de detenidos. Yo andaba con jeans, y, de tanto correr, se me bajaron un poco (se señala la cadera). Estando en posición fetal se me bajaron más porque tenía un bóxer, que lo que hizo fue resbalar más el pantalón. Nos empezaron a decir que nos iban a violar. Jorge se puso a pedir que nos llevaran a una clínica. Lo golpearon en la cabeza y le fracturaron el cráneo.
A mí me bajaron los bóxer y, no sé si fue con un fusil, lo que yo sí sé es que fue con una punta de hierro que me forzaron y me reventaron. Cuando tenía que hacer mis necesidades, luego, eran bolas de sangre lo que yo botaba… A los otros detenidos les pasaban las motos por las piernas. Luego, nos montaron en un jeep de la Guardia y después en un convoy, pero, antes, uno de los soldados le dijo a otro: pásame un trapo con gasolina para limpiar la sangre. Tenía las piernas acalambradas.
Cuando llegamos al destacamento no podía pararme de donde estaba. Me bajé como pude. Uno de los guardias le dijo a los otros: ‘A este ya no le peguen más porque lo vamos a reventar’, pero vino uno, me pegó una patada en la espalda, y nos siguieron pegando. Sentía impotencia, quería matarlos, pero también rezaba y sólo pensaba en ver a mi mamá y a mi papá. Claro que identifiqué a varios guardias, está el sargento Blanco, ahí tengo los nombres.
Luego, nos llevaron a un baño y nos desnudaron. Un tal teniente Verdú nos dijo, otra vez, que nos iban a violar. Nos metieron uno por uno en la regadera, prácticamente por cinco segundos y nos sacaron. Cuando nos mandaron a vestir, lo hice como pude pues no podía agacharme. Salió uno de los guardias y me dijo ‘tú te quedas aquí’. Cuando pregunté por qué, me metieron un cachazo con el arma y decidí callarme. Luego, vino una guardia y me dio un vaso de agua con un Ibuprofeno.
Ella dijo que nos dejaran de pegar. Luego, por lo menos a mí, por un momento, me dejaron quieto, pero los demás me contaron que les echaron bombas lacrimógenas y a uno de los muchachos, Osvaldo Torres, le partieron un casco en la cabeza.
Ya yo no podía ni hablar, pero vino otro guardia y me dijo: ‘¿Qué haces tú aquí?’. Le dije que por protestar; me dio tantos golpes que la silla de aluminio en la que estaba sentado, se reventó.
Al día siguiente, llegaron las fiscales y nunca nos dejaron hablar con ellas. Llegaron los médicos forenses, nos hicieron unos análisis, nos mandaron reposo. En ese análisis, quedó constancia de la violación. A mí me explicaron que el ano tiene ‘rayitas’, como si fuera un reloj, y yo tenía lesiones como de la nueve a las seis.
‘Que me calle la boca’
El día quince, el día de la audiencia, supuestamente, nos iban a llevar al Palacio de Justicia pero nos llevaron otra vez al CICPC (policía científica) para hacernos otra reseña –el día anterior nos habían hecho una reseña allí, en el destacamento–, y volvieron a golpearnos. Nos regresaron y había una juez y unos fiscales. Los fiscales mandaron a callar a la juez. Eso fue una mamadera de gallo total, había guardias en la cocina, afuera de la sala, todos armados. Me pusieron en arresto domiciliario.
A los ocho días, por intermediación del consulado español (es hijo de un español), pude ir a una clínica. Allí estuve dos noches. Cuando me trasladaron, había nueve patrullas, como si yo fuera el peor narco. Pasaron los días y veíamos, en la casa, cómo pasaban los guardias, tomaban fotos, luego la fiscal 28 de derechos humanos –Caroli Montero– vino y me dijo que no declarara más, que me callara la boca.
Ya la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, había dicho que lo de mi violación era mentira. Yo seguí declarando, nunca tuve acceso a mi expediente (hace poco pudo verlo su madre, son más de 400 folios) y hoy tampoco tengo acceso. Cuando lo tenga, lo llevaré al consulado español y voy a hacer una contrademanda al Gobierno.
Decidí contarlo porque eso no me hace menos hombre, quiero dar la cara y luchar, yo no me voy a rendir. Jorge y Carla están fuera del país. Joshua, el otro chamo que estaba allí, ya está pidiendo asilo en otro país. Entonces ¿tengo que tener plata o ser alguien importante para salir de este peo?, ¿para que me den mi expediente?, ¿para ser libre? O sea, aquí, en Venezuela, si no eres nadie, no tienes plata: jódete. Por eso salí a protestar y si pudiera, lo volvería a hacer”.
VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
VALENCIA.

martes, 13 de mayo de 2014

domingo, 11 de mayo de 2014

EL COSTO DE LA CORRUPCION EN EL PAIS

El costo de la corrupción en Venezuela



     by Alek Boyd 
    ¿Cuánto, de los 2,9 billones de dólares, 
    se han robado? 
    No lo sé, pero si me pongo a sumar lo malgastado en compras innecesarias, 
    regalos a otros 
    países, petróleo gratis a Cuba, NIcaragua, lo pagado en sobreprecios, 
    lo despilfarrado en programas populistas y compra de votos y conciencias 
    a nivel mundial, creo poder afirmar que 
    es más de 150.000 millones de dólares. Suficiente como para pagar 
    la deuda completa. Si tuviésemos gobernantes responsables estaríamos 
    como Noruega. Como nos gobiernan 
    venezolanos, estamos como estamos.
    Lamentablemente, la corrupción se ha tornado en una suerte de crimen aceptable, 
    sin consecuencias. 
    Sería difícil encontrar un venezolano que no haya tenido que lidiar, 
    alguna vez en su vida, 
    con la corrupción: sea la del fiscal de tránsito, la del guardia de 
    alcabala, la del empleado 
    de oficina pública, la del empleado de empresa privada, la del gestor... Ahora, con 
    el tema de la escasez alimentaria y depauperación económica, la corrupción 
    se asoma en cantidad innumerable de facetas, como gente que hace cola para 
    comprar comida y luego vende 
    el puesto, o los que pueden controlar -en el sentido entendido en Venezuela 
    como obtener- Harina Pan, pasta, aceite y otros insumos, que luego revenden 
    a precios alejadísimos de los impuestos por el régimen, etc. En suma, en casi todos 
    los aspectos, de la vida diaria del venezolano promedio, la corrupción está presente. 
    Esa omnipresencia ha resultado en aceptabilidad, como ya mencioné. La mayoría la perciben 
    como un factor más que hay que tener en cuenta. De hecho, muchos cuentan con ella 
    para el resuelve.

viernes, 9 de mayo de 2014

Premio a James Allison (Universidad de Texas)



James Allison, un pionero en la investigación de la inmunoterapia del cáncer, esta semana fue galardonado con el prestigioso premio a la innovación canadiense. La Fundación Canadiense Gairdner señaló que la investigación del doctor de Texas condujo al descubrimiento de un tratamiento único que libera el sistema inmunológico para atacar el cáncer.

Este es el último de una serie de prestigiosos premios dado en los últimos años a Allison, Presidente de la Universidad de Texas, Departamento de Inmunología del cáncer MD Anderson Center.

Allison de 65 años ha identificado un freno natural que detiene el sistema inmune y el  ataque a las células sanas cuando se busca la invasión de virus o bacteria.

Allison tradujo su hallazgo en un fármaco que libera el freno para las defensas del organismo y que puede reconocer y atacar las células tumorales mediante un sistema de inmunología. 

Mediante la creación de este enfoque brillante, que trata el sistema inmune en vez de el tumor, Jim Allison abrió una nueva vía para el tratamiento de todos los cánceres dijo el DR . Ronald de Pinho, Presidente del M. D. Anderson.

En su declaración el Dr. Pinho  llegó a decir que es la zona más interesante y prometedora de la investigación sobre el cáncer en la actualidad.

Allison fue reclutado por el MD Anderson en el  2012 desde el Memorial Sloan -Kettering Cancer Center de Nueva York.

Los Gairrdner Premios de Canadá son apoyados por los gobiernos de Canadá , Alberta y Ontario.


Allison y otros siete galardonados recibirán sus premios y además 100.000 dólares canadienses, el 30 de Octubre en la ciudad de Toronto.

EL BLOG EN EL AULA