viernes, 28 de agosto de 2009

El fracaso del Sistema Comunista

En la práctica el programa de Lenin estuvo destinado a introducir un sistema estatal monopolista. Este sistema monopolista de Estado debía ser convertido en un sistema socialista, apoyado en el rol directivo del partido comunista revolucionario. Pero esa decisión no garantizó la transformación social en la Unión Soviética.

Lenin no se ocupó de asegurar que el monopolio del Estado podría terminar para lograr una sociedad socialista, ni se ocupó tampoco en garantizar institucionalmente las condiciones para lograr el progreso. En resumen la teoría marxista-leninista no garantizó en modo alguno que se terminaría con el monopolio del Estado.

La producción sólo con empresas del Estado, el establecimiento obligatorio de comunas campesinas bajo la hegemonía del estatal, las ideas para oprimir las funciones esenciales del mercado, la institución de un sistema unipartidista, la sumisión del Estado y de todas las instituciones, incluidas las educativas, al control del partido y de sus burócratas, la censura que ejerció el Estado de todas las actividades y expresiones de las ideas y de la cultura, la persecución policial de cualquier otra opinión y de cualquier organización opositora; todo esto fue lo que caracterizó la etapa del monopolio del Estado Soviético, que se denominaba "socialismo".

Todo régimen de poder con las anteriores características degenera en un Estado de camarillas con fuertes intereses de poder y que a la larga se separan del pueblo al tratar de imponer su violencia sin respetar los principios democráticos constitucionales.

El hecho de que el "marxismo" oficial siempre ha negado esas experiencias y las teorías políticas correspondientes, para sólo aferrarse al "vigor moral" de sus grupos privilegiados que detentan el poder, ha demostrado una cosa: que en realidad el principio en que se basaba y se basa el sistema comunista es la conservación misma de ese régimen de poder, más no la solución de los problemas reales de la sociedad, que son los intereses más nobles del pueblo.

(Tomado del libro LA TERCERA VIA, del militante del Partido Comunista Checoeslovaco Ota Sik y uno de los protagonistas de la Primavera de Praga.).

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