sábado, 19 de marzo de 2011

El Country Club y la Arquitectura Paisajistica






Olmsted en Blandín
Por Hannia Gómez

Domingo, 20 de febrero de 2011

De todas las urbanizaciones de Caracas, de Venezuela, e incluso de América Latina, el Caracas Country Club (*) atesora una de las más extraordinarias historias, una historia que aún es poco conocida. Esta urbanización es un proyecto “clasificado” de la firma de arquitectura paisajista Olmsted Brothers, de Boston, Massachusetts, continuadora de la obra de Frederick Law Olmsted, Sr., padre de la arquitectura del paisaje y defensor de la belleza natural de América.

Esta circunstancia, de por sí, lo convierte en una bella rareza urbana: un tesoro de la historia del urbanismo y del paisajismo que a la vez es el más logrado homenaje al paisaje natural del Valle de Caracas, el cual afortunadamente aún allí se conserva, prácticamente intacto.

Los más conocedores pueden hacerse la pregunta: pero, ¿no eran diseño de Olmsted Brothers sólo los campos de golf? Y ése es el más fantástico de los malentendidos. Adentrándose en la historia del proyecto, hoy comprendemos bien que la transformación de las antiguas haciendas de Blandín, Lecuna, El Samán y La Granja en la década de los veinte fue un trabajo –el No. 7947- de la oficina de arquitectura paisajista más importante de la época, la cual convirtió el encargo simple de un club de golf residencial en un sensible proyecto de diseño urbano y paisajistístico que sin duda puede contarse entre los urbanismos americanos más importantes del siglo XX. Pero para entender la dimensión de la historia urbana del Caracas Country Club, es indispensable volver sobre la vida de quienes lo diseñaron.

Frederick Law Olmsted, Sr. (1822-1903) es el nombre más conocido en arquitectura paisajista y planeamiento de los Estados Unidos de América. Olmsted prácticamente inventó ambas profesiones, empezando con su diseño del Central Park de Nueva York en los 1850s, su obra más conocida. Habiendo sido encargado de planificar el Sistema de Parques de Boston, Olmsted convirtió su casa en Brookline, en las afueras de la ciudad, en su oficina y en una escuela de diseño del paisaje. Desde 1883 hasta la mitad del siglo XX, del Olmsted Grove familiar salieron parques urbanos y estatales, campus escolares y universitarios, terrenos institucionales, zoológicos, arboretums, propiedades privadas y comunidades suburbanas paisajísticas, como el Caracas Country Club.

La trascendencia que fue adquiriendo su obra le llevó a formar especialmente a su hijo Frederick Law Olmsted, Jr. (1870-1957) y a su sobrino adoptado, John Charles Olmsted (1852-1920), para que continuaran su lucha dentro del mismo espíritu de preservación del paisaje americano en su más genuina belleza.

A la muerte de su padre, Frederick Law y John Charles se convirtieron en socios principales de la firma, cambiándole el nombre por el de Olmsted Brothers. Entre 1895 y 1920, ésta se expandió rápidamente. Aunque el brillante John Charles, encargándose de los negocios, hizo que los proyectos de la oficina se multiplicaran por toda la nación, es Frederick Law quien se convertiría en el verdadero sucesor de su padre. Hoy se le tiene como el más grande de los hombres de parques del mundo en el siglo pasado, y como el más influyente arquitecto paisajista de su país, impulsor de leyes, planes y programas para los parques locales, estatales y nacionales. Es crucial conocer la dimensión del personaje Frederick Law Olmsted, Jr. para entender mejor la dimensión cultural del proyecto que haría para Caracas.

De haber creado en 1900 el primer programa de entrenamiento formal en arquitectura paisajista en la Universidad de Harvard (Harvard School of Landscape Architecture), Olmsted, Jr. trabajó como aprendiz a las órdenes nada menos que del arquitecto Daniel H. Burnham en el proyecto de la “Ciudad Blanca” en la Exposición Mundial Colombina de 1893 en Chicago. Participante del City Beautiful Movement, de allí saltó a figurar entre los grandes planificadores, siendo en 1901 nombrado por el Presidente Roosevelt como Miembro de la Comisión del Senado para Mejoras en Parques, a fin de desarrollar los planes de L’Enfant para Washington, junto a personalidades como el mismo Burnham y el gran Charles F. McKim. Esto inauguró para Olmsted, Jr. su devoción vitalicia por el servicio público en las áreas del paisajismo y la planificación. Para mencionar sólo algunos de sus trabajos, laboró en los terrenos de la Casa Blanca, en el Federal Triangle, el Jefferson Memorial, Roosevelt Island y en los terrenos de la Catedral Nacional.

Olmsted, Jr. mantuvo siempre, como su padre, un compromiso con la conservación. Le preocupaba sobre todo “proteger la belleza, la dignidad y la nobleza de los paisajes de los parques nacionales, y prevenir el excesivo mercantilismo en ellos”. En 1916 contribuyó a darle forma a la legislación que creó el Servicio Nacional de Parques. Una frase suya, que definió el espíritu de la Ley, dice ya mucho de lo que luego haría en el Caracas Country Club: “Conservar los escenarios y los objetos naturales e históricos y la vida silvestre existente para proveer su aprovechamiento de tal manera que puedan permanecer intactas para el disfrute de las generaciones futuras…”

Pero su vida como paisajista se imbricaba cada vez más en la del planificador. Es cuando formula el concepto de la “planificación global”, suerte de mezcla afortunada de la saga paisajista y preservacionista de los Olmsted, con el ornamentalismo cívico del City Beautiful Movement, unida a la necesidad de dar soluciones al crecimiento de la ciudad moderna americana. Entre 1905 y 1915 aplicó los principios de la planificación global a suburbios, “creando planes maestros para Roland Park, un suburbio de Baltimore; para Forest Hills Gardens, una comunidad jardín modelo en las afueras de Nueva York; y para la ciudad industrial de Torrance, California.”1 Todos estos planes suburbanos –especialmente Forrest Hills y la urbanización Riverside, en Nueva Jersey-, ya anunciaban en sus ideas lo que sería el “Job No. 7947”.

Para 1920, cuando muere John Charles, Olmsted Brothers era la más grande oficina de arquitectura paisajista del mundo entero. En 1921 asesoró el plan regional para el área de Nueva York, e hizo el gran Parque urbano de Fort Tryon, al norte de Manhattan sobre el río Hudson. Cuando Olmsted Brothers acepta la comisión del Sindicato Blandín a fines de los 1920s, estaba diseñando en paralelo las que se consideran “las dos comunidades suburbanas más notables de los años veinte en los Estados Unidos: Palos Verdes Estates en California y el Mountain Lake Club en Lake Wales, Florida”.

Mucho nos queda por decir de la notable historia urbana del Caracas Country Club. Pero por lo pronto, es revelador releer entrelíneas la base de la filosofía que le daría vida al proyecto. Olmsted, Jr. resumía su pensamiento sobre arquitectura paisajista en los siguientes términos: “Trabajando con paisajes reales existentes, me guía la inducción impresa en mí por mi distinguido padre: cuando uno se hace responsable de tales paisajes, su primer deber es proteger y perpetuar lo que de bello y de inspirador existe inherente en ellos gracias a la naturaleza y a circunstancias fuera de nuestro alcance, y así, humildemente subordinar a tal propósito cualquier impulso de ejercer sobre éstos las propias habilidades como diseñador.”2 Olmsted, Jr., preocupado por el futuro de "las heredades irreemplazables e invalorables del pasado”, preservaría en Caracas gran parte de las condiciones del lugar original ocupado por las haciendas.

Así, mantuvo la topografía natural de las faldas del Avila, privilegiando las amplias vistas hacia las colinas del sur y hacia la montaña en el diseño de los campos de golf. La forma irregular de las parcelas que rompen con el tejido urbano tradicional y el diseño de las calles serpenteando “alrededor de las grandes extensiones de grama bajo masas de árboles”, fueron hechas curvearse ex profeso por indicación expresa de su oficina para conservar intactos los magníficos ejemplares centenarios de “grandes bucares, mijaos y chaguaramos que crecían en estos terrenos” y que aún vemos aflorar entre las copas del Country.3
La Avenida Principal de Blandín -el camino de la hacienda-, plantada una vez de chaguaramos en el más pleclaro estilo agrario caraqueño, fue otro elemento respetado por Olmsted y asumido al pie de la letra en el diseño… Algo muy poco común en la planificación moderna, acostumbrada a arrasar con todo.

Pero la persistencia de la memoria no se limitó solamente a los elementos vegetales: también el puente sobre la Quebrada Chacaíto y el sitio de la Casa de Blandín, ambos allí desde comienzos del siglo XVIII, fueron reafirmados en su ubicación tradicional.

De esta manera vemos cómo también en Caracas las soluciones de los Olmsted crecieron del “genio del lugar”. Su respeto y su devoción por el lugar original hacen que hoy el Caracas Country Club no sea tan sólo un santuario ecológico y ambiental: es también un santuario de la memoria del paisaje. No nos quedan dudas de por qué en Blandín el genio caraqueño todavía hoy allí se siente reinar…

Afortunadamente, el que fuera el Primer Proyecto Residencial de Arquitectura Paisajista del país, es todavía preservado como la gran obra urbanística y paisajista que es en el país de origen de sus diseñadores. El Caracas Country Club se conserva intacto en papel, todos sus 79 planos y dibujos fechados hasta 1930, más un album con 112 fotos históricas del año 1928, en los Archivos Olmsted del Frederick Law Olmsted National Historic Site, en Brookline, MA.


Adicionalmente, la correspondencia cliente-arquitecto (tres carpetas hasta 1941 del Job No. 7947) son atesoradas en la colección Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Serie B, de la División de Manuscritos de la Biblioteca del Congreso, en Washington, DC. Nadie que no pida cita con varios meses de antelación y que no se ponga guantes blancos podrá acceder a ellos…

La belleza del urbanismo del Country, tan semejante estéticamente al Central Park de Nueva York y, a la vez, tan profundamente caraqueño, no es, ni será nunca, una belleza estridente. Es, como todas las soluciones de los Olmsted, una belleza reposada, crecida de la tierra de forma natural. Conociendo la importancia de su legado urbano y paisajístico, es nuestro deber preservarlo “…de tal manera que pueda permanecer intacto para el disfrute de las generaciones futuras.”