domingo, 15 de abril de 2012

Entrevista a Telsa Dalmau


Teisa Dalmau: "La escuela solo puede avivar el fuego que se enciende en el hogar"
La experta en aprendizaje temprano asegura que la seguridad emocional es clave en el desarrollo del potencial infantil

Teisa Dalmau Xiqués es la responsable del Programa Guía, que desde hace casi dos décadas se aplica en los colegios de Institució Familiar d’Eduació – más en concreto en La Vall –. Odecediendo al lema Guía, sin empujar, del pionero del aprendizaje temprano en España, Joan Valls i Julià, el programa ofrece una serie de actividades que aprovechan los periodos críticos del desarrollo cerebral, para que los niños adquieran las capacidades mentales, las destrezas y los hábitos necesarios para afrontar el futuro con éxito.

¿Qué es el aprendizaje temprano?

Es aquel método que contempla el desarrollo integral del niño; potenciando los aspectos neurológicos, psicológicos, pedagógicos y antropológicos.

En otras palabras...

El objetivo del aprendizaje temprano es que cada niño y niña, independientemente de su potencial, consiga un desarrollo físico, intelectual, emocional y social excelente. Solo así podrá ayudar a construir un mundo más libre de violencia, pobreza y odio.

¿En qué consiste el Programa Guía?

Es un programa de aprendizaje temprano aplicado a alumnos de 1 a 8 años. El método, fruto de años de práctica en el aula y del estudio de los avances en el campo de la psicopedagogía y la neurociencia, ofrece una serie de actividades que aprovechan los periodos críticos del desarrollo cerebral para que los niños puedan adquirir capacidades mentales, destrezas y hábitos con éxito. Es la misma metodología que utilizamos todas las madres y padres para enseñar a hablar a nuestros hijos.

¿Qué necesita un niño para aprender?

Además de un sistema nervioso bien organizado, es fundamental que tenga un entorno social y familiar favorable, así como buenos maestros y altos niveles de motivación y seguridad emocional. Cuanto más y mejor estimulación reciba su cerebro en período de formación, más rápida y más completa será su organización neurológica y, consecuentemente, más altas serán sus capacidades cognitivas.

El niño habla y la familia lo celebra.

Cuando enseñamos a un bebé a hablar, sin darnos cuenta le ofrecemos un modelo de lenguaje y oportunidades para que practique. Cuando logra repetir una palabra y lo celebramos, se fomenta la autoestima positiva, motor de la motivación. Sus primeros seis años de vida son cruciales para qué se instauren hábitos de autonomía -comer, dormir, hacerse cargo de su cuerpo y de sus pertenencias, etc- , pues serán los cimientos de su futura libertad.

¿Hay que estimularlos desde el momento de nacer?

¡Desde antes! Es aconsejable ofrecer un entorno rico en estímulos desde el cuarto mes de gestación, cuando el bebé es capaz de oír a su madre. En el momento de nacer, su potencial – el que genéticamente le viene dado - entrará en interacción con su entorno y de él dependerá la calidad de su desarrollo.

¿Y si el entorno es desfavorable?

Limitará su potencial. Desgraciadamente, hay demasiadas historias de niños abandonados o incluso recluidos brutalmente por padres enfermos, que demuestran como las habilidades propiamente humanas pueden ser seriamente atrofiadas. Entornos donde reine la angustia, el pesimismo, la desesperanza, donde los mensajes que se transmiten son negativos, serán desfavorables. El niño solo aprende si es seguro hacerlo. La seguridad emocional es clave en el desarrollo del potencial infantil, de una personalidad armónica.

¿Qué papel juega la escuela?

Su involucración en la educación es fundamental. Por ello debe ofrecer un entorno estimulante que fomente al máximo la conexión de las células nerviosas de los niños. Cuantas más conexiones se establezcan, mejor, porque de ellas dependerá la forma en que procesará la información. La educación, no solo aporta datos sino que crea circuitos, que se utilizarán toda la vida.

¿Cómo se puede crear un entorno favorable en el hogar para que los niños desarrollen habilidades y actitudes adecuadas?

¡Los padres son la clave! De hecho, la escuela solo puede avivar el fuego que se enciende en el hogar. A un niño se le puede enseñar cualquier cosa, aunque no nos lo propongamos: de ahí el aprendizaje temprano. Es fundamental tener en mente tres palabras: modelo, oportunidad y reconocimiento positivo.

Podemos dejar al azar su modelo de aprendizaje…

Si. De hecho gran cantidad de modelos de aprendizaje están en manos del azar. ¿Cómo si no aprenden los niños las palabrotas? Pero si lo que queremos es construir entornos ricos para crecer, no debemos dejar al azar ni la calidad ni la cantidad de estímulos y modelos a los que se expondrá nuestro hijo. Es responsabilidad de los padres enriquecer ese entorno, por ejemplo a través del vocabulario, nada de gua-guas, sino es un perro dálmata, nada de hierbecitas, plantitas ni arbolitos, sino es un roble, o aún mejor, es un Quercus. ¡Sin miedo! Al niño le supone exactamente lo mismo aprender que lo que está comiendo es pescadito que merluza a la vasca.

¿De qué otra manera podemos construir un entorno de calidad?

Manteniendo viva su curiosidad e interés por aprender, ofreciéndoles piezas musicales de calidad – en especial barrocas -, leyéndoles poesía y refranes, planteándoles adivinanzas, mostrándoles bits de imágenes y matemáticas, a través de la lectura, visitando museos. De esta manera también lograremos salir de nuestro vocabulario reducido y esquelético.

¡Debe ser genial que un niño de siete años reconozca un cuadro de Picasso!

Es un error construir un entorno de calidad con la finalidad de conseguir resultados inmediatos ¿quién compuso esta audición, mi amor? A nuestros hijos debemos regalarles información sin esperar nada a cambio. Hay que ofrecer oportunidades, no exigir respuestas.

¿Entonces no hay que celebrar que el niño aprenda?

Hay que insistir, ofreciendo sin esperar nada a cambio, al igual que lo hacemos cuando le enseñamos a hablar.Y si un día, nos toca oír una respuesta acertada: ¡premio! Entonces debe haber un reconocimiento positivo.

Todos somos responsables…

Cada una de las personas que interactuamos con los niños, y especialmente los padres, somos modelos de conducta, de habilidad social, capacidad de liderazgo, manejo de emociones y solución de dificultades. Por ello es importante mantener un estilo optimista y confiado. También es tarea del adulto encontrar los ámbitos de triunfo de cada niño. Solo si el pequeño ve confianza en los ojos del adulto, se arriesgará a realizar actividades cada vez más difíciles y arriesgadas.

¿Y rehuir de aquello que no hacen bien?

Vivimos en una sociedad que tiende a ver más el error que el acierto, dificultando el camino hacia los aspectos más positivos. Todos hacemos con gusto aquello que pensamos que nos sale bien y rehuimos de aquello en que tenemos pocas posibilidades de éxito. Hay que recordar que la autoestima del niño es el motor de la motivación.

¿Cuál es la mejor manera de motivar a nuestro hijo?

Mostrando confianza. El niño lee en nuestros ojos la imagen que tenemos de él y simplemente la adopta como propia. Si lo consideramos patoso, movido, incapaz o desordenado, él actuará de forma coherente con esos mensajes. Por ello es fundamental mostrar confianza, ofrecer reconocimientos positivos.

¿Y si pensamos que todo lo hace mal?

Tenemos que ser capaces de encontrar esa letra bien trazada, ese número bien escrito, ese zapato bien atado... Buscar las actividades de éxito, ofrecer modelos correctos a imitar. Con paciencia y tolerancia, conseguirá el dominio de la destreza que le permitirá construir una imagen positiva de sí mismo. ¡Recordemos que nos gusta hacer aquello que pensamos que hacemos bien!

Pero a veces ejercemos demasiada presión en nuestros hijos, entendiendo que así triunfarán más en el futuro…

Es cierto que cada vez exigimos más, porque la competencia es cada vez mayor, y siendo menos tolerantes, nos centramos en los resultados, buscando siempre culpables. Así, cuando el niño obtiene malos resultados en el colegio, se culpa al profesor, a la metodología, al libro, a una mala compañía…

La culpa nunca es de los padres

¡Ellos son los primeros educadores!

Pero en nuestro propósito de crear niños brillantes, quizá no aceptamos sus limitaciones…

Es un error intentar crear caricaturas de futuros bailarines, cantantes o deportistas brillantísimos, con unos niveles deficientes en cuanto a lo emocional, social y espiritual.

¿Cuál es nuestra mayor preocupación?

Que nuestros hijos sean felices. Sin embargo, es una trampa entender que la felicidad es un estado permanente. Pero si lo importante es que sufran lo mínimo, hay que dotarles de un buen desarrollo emocional, que les permita enfrentarse a diversas situaciones, afrontándolas con optimismo, buscando siempre lo positivo en cada una de ellas, por dolorosas que sean.

¿La clave es que sean capaces de adaptarse a las circunstancias?

Sí, para afrontar las situaciones difíciles con éxito. Ayudarles a aprender a reconocer las situaciones complicadas, afrontarlas lo antes posible y buscar alternativas. Quién es capaz de adaptarse es mucho más libre.

Defina al niño feliz.

El niño feliz es aquel que tiene bien desarrollado su marco psicológico, del que depende su autoestima, su empatía y su autocontrol. Aquel al que se le ha tratado con ternura al tiempo que se le han mostrado clara y firmemente los límites. Por otro lado, deberíamos ser capaces de tratar al niño no como lo que es, sino como lo que en potencia debe ser: un ser feliz

¿En qué consiste una buena gestión de su tiempo libre?

No hay ninguna actividad que pueda competir con las que se realizan en familia. La vinculación, el sentimiento de pertenencia, el contacto íntimo e individual con el padre, la madre, los abuelos, las experiencias sociales con los hermanos. Todas son lecciones valiosísimas.

Pero no siempre es posible pasar el tiempo en familia

Se debe estudiar cada caso, pues las necesidades de los niños varían. Pero, en general, el teatro es un buen recurso para que el niño tímido tenga la oportunidad de sentir diferentes formas de interrelación y los deportes en equipo para pulir actitudes demasiado competitivas. Sin embargo, no deberíamos abusar de las actividades extraescolares. A menudo, son un recurso para conciliar horarios o un pretexto para que aprovechen el tiempo. ¡Los niños de 5 años no deben aprovechar el tiempo!

¿Qué otros errores cometemos los padres?

Los errores que tanto bloquean como retrasan las capacidades de nuestros hijos son provocados por falta de información: el miedo a que se hagan daño y el temor a lo desconocido provocan una sobreprotección innecesaria. Pero también hacemos cosas para sobreprotegernos a nosotros mismos, metiéndolos en un parque o atándolos a una hamaquita. Ah, ¡y así, además de estar tranquilos, disponemos de más tiempo! Hay que luchar contra la ignorancia, la pereza y el miedo.