lunes, 9 de abril de 2012

Una carta sobre Chávez y el Cáncer d los demás


La pesadilla del cáncer sin dinero
Publicado el 8 abril, 2012
Por Aida Beccaria


Sr. Presidente: enfrente su cáncer en Venezuela… como los demás venezolanos.

Cálese la desgracia hospitalaria que su robolución ha perpetuado y profundizado..

Le pido Presidente que regrese al país. Sí. Lo quiero de vuelta. Pero quiero que regrese de forma anónima y sin un séquito de profesionales tras de usted.

Regrese solito, no como el comandante sino como Hugo… Porque deseo que el Presidente sin padrinos, ni poder, como cualquier mortal pues, trate de curar su dolencia por los canales regulares que a muchos de nosotros nos toca seguir…

Quiero que haga triaje en un hospital sentadito en una sillita de metal a la espera de llenar los datos y esperar allí las 9 horas aproximadas que ese trámite le llevará…

Que mientras tanto vea niños, jóvenes, adultos, con ojeras, con sondas, con cables, con sangramientos, sentaditos igual que lo estará él cuando encuentre la sillita porque por lo general toca de pie o en el suelo…

Quiero que con ganas de vomitar y un dolor de cabeza bestial le toque levantarse a las 3:00AM para estar en el hospital a las 4:00 y poder tener así la esperanza de obtener el anhelado número (siempre que haya pasado por triaje y tenga ficha)…

Quiero que cuando finalmente lo atiendan le pidan TAC especializados, ganmagramas, resonancias, marcadores tumorales y descubra atónito que la mayoría de los hospitales y CDI NO HACEN ESOS ESTUDIOS; unos por tener el equipo dañado, otros por no haberlo tenido nunca…

Y entónces comience el vía crucis llamando a decenas de lugares, informándose de costos y escribiendo a media nación en la esperanza de ser ayudado en todo sentido para poder hacer los estudios solicitados, a sabiendas que el tiempo está corriendo en su contra…

¿Y LOS MÉDICOS INTEGRALES DE LA UNIVERSIDAD BOLIVARIANA?…

Quiero que sintiéndose peor cada día, y temeroso, y lleno de preguntas y dudas, viva la pesadilla de ser peloteado de un centro a otro.

Quiero que viva en carne propia la desesperanza abrumadora cuando alguien lo mande secamente a callar, por quejarse.

Quiero que no consiga las medicinas, ni la quimio o que tenga que acudir a por lo menos cinco centros regionales para obtenerlas o poner un post en medios digitales solicitando ayuda porque el medicamento está fuera de circulación o desaparecido…

Quiero que se enfrente a la vanguardia de “nuevos médicos integrales” a las 2:00AM de emergencia con un dolor enloquecedor producto de su dolencia. Y mientras se retuerce de agonía sientan como todos se apresuran a atenderle, pero para tomarle la tensión y revisarle con una paletita la boca, diciéndole que se tranquilice y trate de hacerse los exámenes para luego poder ayudarlo. Y que mientras atónito escucha esto, sabiendo que perderá la pelea (porque los tumores no esperan como tendrá que esperar Ud.), se pregunte “¿Por qué, por qué tiene que ser así?”…

Y quiero que cuando finalmente, luego de llamar a medio país y acudir a cuanta institución exista, logre hacerse los exámenes, le informen que ya es demasiado tarde. Que hay metástasis ósea o cerebral. Y que lo único que se puede hacer es tratar de evitar los dolores. Y que hasta para eso sufra el calvario de obtener los récipes especiales para la morfina o similares y nunca las encuentre sino cuando ya esté en coma. Porque entérese Presidente que lo anteriormente descrito es el drama de la mayoría de nosotros, los que no tenemos una póliza de seguro o que no disponemos como usted de una amistad tan sincera como la de los hermanos Castro…

Para millones de venezolanos y compatriotas, chavistas o no chavistas, un pequeño tumor es una inequívoca sentencia de muerte. Ya que en 14 años no se ha podido revertir este drama que reconozco lleva décadas instalado, le ruego en nombre del amor que dice tenernos, venga entonces a padecer el infierno con nosotros. Sea leal a lo que profesa.