sábado, 21 de febrero de 2015

La Antártica es “como el congelador del planeta






Polo Sur en 1988, dejó de afeitarse la barba, que ahora le llega al pecho y va sin rumbo fijo, al igual que sus exploraciones.

La Antártica es “como el congelador del planeta”, dijo Contreras, quien ha comandado 14 expediciones al continente. “Y ninguno de nosotros se atrevería a ensuciar el hielo”.

Debido a la naturaleza prístina del extremo sur del mundo, cuando un meteorito cae ahí permanece intacto. Así que los investigadores encuentran más meteoritos, a menudo del cercano Marte, incluyendo uno descubierto hace casi 20 años que hizo que los científicos inicialmente pensaran, de manera incorrecta, que habían encontrado pruebas de que alguna vez hubo vida en Marte.

Éste es un lugar con paisajes sacados de una película de ciencia ficción. La NASA utiliza la lejanía del continente para estudiar lo que la gente tendría que enfrentar si visitara Marte. El aire seco también es perfecto para que los astrónomos espíen el espacio profundo y miren al pasado.

Durante un viaje reciente a Isla Decepción, Peter Convey, un ecologista del Centro de Investigación de la Antártida de Gran Bretaña que ha visitado el continente durante 25 años, soportó fuerte lluvia, temperaturas congelantes y vientos de más de 37 kilómetros por hora (20 nudos) para recolectar muestras de musgos esponjosos de color verde y café que crecen en la ceniza de las montañas de roca negra de la isla volcánica. Buscaba claves en su genética para determinar qué tanto había evolucionado la especie en la Antártida, aislada de otros continentes.

“He tenido suerte y he ido a la mitad del continente, así que he estado aislado del ser humano más cercano por 400 o 500 kilómetros (250-300 millas)”, dijo Convey. En su lejanía hay raras formas de vida, elevando la esperanza de que pudo haber vida en otros ambientes extremos como Marte, o que incluso la hay en la actualidad, escondida bajo el hielo de la luna de Júpiter, Europa.

“Este es uno de los lugares más extremos en los que uno podría esperar encontrar vida. Y la hay”, señaló Ross Powell, un científico de la Universidad Northern Illinois, quien en enero utilizaba un submarino a control remoto bajo el hielo, en una parte distinta del continente, para descifrar el derretimiento, cuando vio peces y crustáceos nadando ahí.

Unos 4.000 científicos llegan a la Antártida para investigaciones en el verano y cerca de 1.000 se quedan para el crudo invierno. También hay cerca de 1.000 personas ajenas a la ciencia, cocineros, choferes, mecánicos, conserjes y el sacerdote de la Iglesia Ortodoxa más al sur del mundo, ubicada en la cima de una rocosa colina en la estación rusa Bellinghausen.

Pero la iglesia en la colina es una excepción, un tenue rayo de luz del mundo que existe al norte. Para los científicos, lo que hace este lugar especial es lo que hay debajo, que provee una ventana al pasado y futuro de la humanidad.

“La Antártida, en muchos sentidos, es como otro planeta”, dijo José Retamales, director del Instituto Antártico Chileno, a bordo del barco de la marina que navega por Decepción y otras islas Shetland del Sur. “Es un mundo completamente diferente”. AP