miércoles, 27 de agosto de 2014

CITGO. por A. ROJAS



1. ¿Cuanto vale Citgo? 
El gobierno del presidente Nicolás Maduro, la directiva de Petróleos de Venezuela (PDVSA) o el ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, o quizás todos al mismo tiempo, quieren que se venda Citgo. Aunque pareciera que Ramírez insiste en meterle un frenazo a la decisión, al anunciar que el tema (por ahora) no es prioritario, si se toma como referencia la aspiración expresada por Ramírez de venderla por no menos de 10.000 millones de dólares, estamos en una situación en la que PDVSA se estaría desprendiendo de cerca del 5% de sus activos y de casi 12% de su patrimonio.
Pero, más allá de esa reducción en activos y la pérdida patrimonial, también están las implicaciones comerciales que tiene la referida venta para la colocación de los crudos. Vale aclarar que no todo el crudo que PDVSA exporta hacia Estados Unidos es para Citgo. Sin embargo, dependiendo de la temporada, la producción, los precios y los volúmenes que hayan enviado hacia el mercado norteamericano, hay momentos en los cuales los despachos han representado cerca de la mitad de las exportaciones de PDVSA hacia esa nación y más de 50% de las importaciones de crudo que realiza Citgo para su complejo de refinación.
Los datos más recientes del Departamento de Energía se corresponden a mayo de 2014 e indican que PDVSA despachó cerca de 167.000 barriles de crudo a Citgo, un volumen que está 26% por encima de lo que se enviaba hace un año. No obstante, esta cantidad está por debajo del nivel que se alcanzó en octubre de 2013, cuando se colocó un promedio de 245.200 barriles diarios, algo que parece indicar que durante los últimos siete meses ha habido una tendencia de PDVSA a reducir sus suministros de crudo hacia su filial.
2. ¿Desde dónde llega el petróleo que refina Citgo?  
Los envíos de PDVSA a Citgo en octubre del año pasado representaron el 64% del total de crudos importados por esa filial, pero en mayo de este año esa proporción se revirtió: un 71% se adquiere en otros países y sólo 28,8% lo provee Venezuela.
En el pasado, los datos del Departamento de Energía mostraban que Citgo recibía crudos de México, Angola o Colombia, pero más recientemente en el listado figuran países cuyos gobiernos integran el club de amigos de la revolución bolivariana, como Argentina, con suministros que en promedio están por los 33.350 barriles diarios, o Ecuador, con un módico volumen de 12.000 barriles al día.
En cualquier caso, los despachos de crudos venezolanos muestran niveles bajos cuando se comparan con la capacidad de procesamiento de 685.000 barriles por día que suman las tres refinerías de Citgo (ubicadas en Lake Charles, Corpus Christi y Lemont). Hace un año representaban 35% y ese peso ha caído a 24%.
3. El subsidio venezolano a los pobres de EE.UU. 
Aparte de las consideraciones comerciales de lo anteriormente descrito, hay un aspecto que comienza a generar preocupación en algunos sectores de Estados Unidos que son beneficiarios de los programas sociales de Citgo, principalmente el controversial subsidio de combustibles a hogares pobres y comunidades indígenas de ese país, que actualmente se mantienen pese a que en momentos perjudica el flujo de caja de la compañía.
Estos programas, más allá de los beneficios sociales (que los tiene, si se toma en cuenta que no existe otra compañía petrolera en EE.UU. que subsidie la venta de combustibles), está el hecho de que esta circunstancia ha servido para influenciar o frenar decisiones contra el gobierno venezolano.
4. ¿Quiénes se benefician del subsidio?
Tómese en cuenta que la distribución del combustible y la escogencia de los hogares beneficiados se hace a través de la organización no gubernamental Citizens Energy Corporation, liderada por uno de los miembros del llamado clan Kennedy: Joseph P. Kennedy II. Él ya no forma parte de la Cámara de Representantes, pero su voz y sobre todo su apellido siguen pesando en la delegación de los demócratas en el estado de Massachussets y tiene gran influencia dentro de las campañas de lobby que desde Venezuela se hacen en Washington, tanto en el Congreso de Estados Unidos y como en la propia Casa Blanca.
Las estadísticas que difunde Citizens Energy Corporation y la propia Citgo indican que el suministro de combustible subsidiado beneficia a 145.000 familias, 261 comunidades indígenas y 245 refugios para personas sin hogar en 25 regiones de Estados Unidos, más el Distrito de Columbia. Es decir: el combustible venezolano subsidiado llaga hasta la propia capital de Estados Unidos.
5. ¿Por qué no se ha eliminado este subsidio?
Hace cinco años, cuando las autoridades de Citgo contemplaban la eliminación o suspensión temporal debido la brusca caída en los precios del petróleo, el propio Joseph P. Kenneddy II fue quien directamente rechazó la medida y dio una declaración que tuvo gran impacto: “Animamos a la gente favorecida por este programa a que le escriba al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para que le cuenten sus historias y los cambios que han tenido sus vidas con esta generosa donación”.
Luego vino la gestión del representante demócrata Bill Delahunt, quien también recurrió a su proximidad con Hugo Chávez para mantener el subsidio: “Es muy importante continuar con el programa. En New England ha sido extraordinariamente útil para las personas de bajos ingresos durante el duro invierno que hemos tenido”, dijo el parlamentario.
La reversión de la medida no se hizo esperar. El ahora fallecido presidente venezolano ordenó, públicamente, mantener el subsidio. Un editorial del New York Post en esa oportunidad se refirió al mandatario como una especie de Santa Claus en el propio imperio norteamericano: “A Chávez le encantaría seguir hincando el dedo en el ojo de EE.UU. manteniendo el programa”, sentenció el periódico estadounidense.
¿Quiere el presidente Maduro seguir siendo visto como el Santa Claus de las comunidades pobres de Estados Unidos? Aún no hay respuesta oficial, quizás porque en el norte están en verano. Si se concreta la venta de Citgo, todo indica que el nuevo propietario no estará dispuesto a asumir una carga anual que está por el orden de los 60 millones de dólares. Además, el Gobierno venezolano habrá perdido una de las herramientas más poderosas que tiene para influir en el mundo político de Washington.